Tensión entre los interlocutores del Teléfono Rojo

Grabada en 1964, “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú” es la única comedia dentro de la filmografía de Stanley Kubrick ("una comedia de pesadilla", según el propio cineasta). En este filme, ambientado en la Guerra Fría, el director estadounidense trata de mantener la credibilidad a la vez que adopta un punto de vista crítico e irónico. Cabe destacar que no encontramos ninguna ideología política concreta. En lugar de ello, su director muestra su escepticismo en el futuro de la humanidad.

Argumento

El film aborda desde tres historias paralelas y relacionadas en el tiempo la tensión que se vivió entre EEUU y la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Por una parte, tenemos un avión bombardero de los EEUU que recibe la orden de arrojar su cargamento sobre la URSS; por otra parte, un general que, en un momento de delirio, da la orden de bombardear a los soviéticos para a continuación atrincherarse en su base militar con su ayudante, quien intentará hacerle cambiar de opinión; y, por último, nos situamos en la sala de guerra donde los principales mandatarios políticos se reúnen con el presidente de EEUU para afrontar esta situación de crisis.

Contexto

Por ello la película es tan acertada en su tiempo, ya que muestra lo que podría haber ocurrido en cualquier momento pero sin ese dramatismo excesivo que se palpaba en la vida real.

Nos encontramos en los años de la división del mundo en los bloques comunista y capitalista. La película se sitúa en un contexto en el que se estuvo realmente próximo a una guerra nuclear: solo un año y medio antes, en octubre en 1962, se había vivido la crisis de los misiles cubanos que había mantenido en vilo a todo el mundo, aumentando todavía más el miedo a ese holocausto nuclear. Al final veríamos que el peligro no era para tanto: en los años siguientes mejorarían las relaciones entre ambos bloques, en buena medida gracias a las negociaciones que los dirigentes llevaron a cabo con, entre otros medios, el “teléfono rojo”. Tras aquella crisis cubana comenzó un periodo de distensión donde el célebre teléfono rojo (el color rojo es una referencia cualitativa de la “Línea Caliente” pues, en realidad, el teléfono era blanco) era una vía de comunicación directa entre el Kremlin y la Casa Blanca siempre que hubiera un asunto de crisis.

Alusión a la carrera armamentística

La carrera armamentística en la que compitieron estas dos grandes potencias también tiene su reflejo en la película. Una de las razones para el bombardeo de Moscú es el complot comunista para la “fluorización” del agua (contaminación con flúor), un miedo real de la época entre sectores ultraconservadores, y se alega, además, que se están haciendo estudios para fluorizar también la leche, los helados, etc. Cuando se pregunta a Jack Ripper, el general suicida, sobre el comienzo de esta fluorización, éste responde que en 1946 la corporación comunista de posguerra habría inoculado la sustancia sin saberlo. Sin duda se hace referencia a 1945, cuando EEUU ya poseía la bomba atómica y con ella la supremacía bélica y tecnológica al contar con ese arma única.

Por ello, tras la segunda guerra mundial la URSS se puso manos a la obra para no quedarse atrás, iniciando una competición por tener el mejor armamento. La fluorización hace alusión al avance de esta superpotencia y con ello la expansión mundial del comunismo, que obligaba a Estados Unidos a desplegar una política de contención. De hecho, en la fluorización también se ha visto una metáfora, debido también a su cercanía en el tiempo, al Polaris. Diseñado por Estados Unidos en 1959, el misil Polaris fue un elemento de disuasión nuclear, basado en submarinos cargados de misiles nucleares que patrullaban los océanos: de ahí que hable de la contaminación del agua.

La competencia entre EEUU y la URSS por ver quién es mejor también se hizo palpable en otros ámbitos: la carrera espacial con el Sputnik (1957), el Vostok 1 (1961), el Apolo XI (1969), los enfrentamientos deportivos en los juegos olímpicos… Pero fue el ámbito bélico, con el desarrollo de la bomba atómica, la bomba de hidrógeno y los misiles balísticos, donde mayores esfuerzos se concentraron para mantearse a la altura del rival. De hecho, en la película hay un momento en el que se habla del Zorio de Cobalto G (bomba radioactiva que se dispararía automáticamente) para usar en armas, preguntándose “¿Por qué?”, a lo que responden: “Para no quedarnos atrás”. El objetivo siempre es demostrar tu supremacía.

Mensaje transversal

Toda la parafernalia de la guerra no era más que eso, una broma con hipocresía, donde los dirigentes quieren la paz pero después hacen la guerra.

“¿Cuántas más armas con capacidad de destrucción total tenemos, más seguros nos sentimos?” El filme plantea el interrogante de si esta competición continua y a veces ilógica por ser mejor es necesaria como forma de disuasión y garantía de la seguridad, o si no es más que una mera cuestión de orgullo. Al fin y al cabo, son los humanos, con sus vicios y virtudes, los que manejan estas armas y deciden su uso. Para ello, satiriza un terror que fue francamente palpable: la gente temía las consecuencias de la debacle nuclear, mientras (hablando del orgullo) nadie se tomaba en serio su trabajo, solamente a sí mismos. Así puede verse en las escenas del avión, en cuya caja fuerte, junto al temido y decisivo plan, guardaban revistas de PlayBoy y una baraja de cartas. Toda la parafernalia de la guerra no era más que eso, una broma con hipocresía, donde los dirigentes quieren la paz pero después hacen la guerra. Con ello Kubrick configura una crítica a la Guerra fría en ambos sentidos, todo por la locura de las armas nucleares.

Sobre el autor

Rafael Jiménez Montoya, fue primer premio de la sexta edición del concurso Eustory por el trabajo "La voz del recuerdo" que elaboró junto a sus hermanos Andrés y Javier. En 2014, participó en el campus de historia "National Constitutions and European Democracies in Times of Crisis" en Oslo y en 2015 participa en el programa para alumni "War Children in Europe".