La otra visión del medioambiente, por Álvaro Martinez

Escribo este artículo con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente que hoy 5 de junio cumple 42 años. Casi medio siglo hace ya desde que se celebrara el primero de ellos en 1973, lo cual demuestra que la preocupación humana por el sitio en que vive comienza a ser ya un sentimiento arraigado.

Lo cierto es que cuando se habla de Medio Ambiente, así, en mayúsculas, la gente suele pensar en coches híbridos, placas solares y cubos de basura de varios colores. Sin embargo, ¿hasta qué punto es esta una visión válida? Podríamos, en primera aproximación, consultar esa inconmensurable fuente de información que es el Diccionario de la Real Academia Española. Si acaso, si se nos quedara corta, la visita a algún sitio web nos ayudaría a completar esta imagen que nos estamos esforzando en dibujar; con la reserva, eso sí, que siempre hay que tener con los medios informáticos.

La visión que tengo intención de dar, no obstante, es otra mucho más oscura y desconocida, la visión de los malos.

Al menos así fue como nos lo presentó nuestro profesor de medio ambiente a mis compañeros de tercero de Ingeniería Civil y a mí. “Chicos”, dijo, “No penséis que vais a ser los buenos de Avatar, que acaban con la chica. Vosotros vais a ser los que taléis los árboles y destrocéis la naturaleza”. Una frase que, dicha el primer día de clase, impacta bastante.

Claro, todo tiene sus matices, aunque no los viera en ese momento. Y son esos matices los que tengo intención de compartir aquí contigo, amigo lector; los matices de los que se dedican (y espero no tardar mucho en engrosar a ese grupo) a la ingeniería, a la arquitectura, y a la obra en general.

La primera pregunta es, ¿qué supone el medio ambiente para un técnico? De hecho, cuando leí el plan de estudios de mi carrera y encontré una asignatura llamada “Ingeniería civil y medio ambiente”, fue la primera pregunta que me hice.

Lo cierto es que se convierte en algo bastante frío, sin ningún romanticismo. Un conjunto de leyes y nuevas condiciones de contorno para tu problema. Pero, oye, eso fue lo que me trajo a estudiar ingeniería: el reto de solucionar problemas complejos.

Y como reto que es el mantenimiento del medio ambiente, su solución requiere de método. De eso se encargan, entre otros los ingenieros.

No es trabajo de una sola persona, la cantidad de especialistas que se pueden llegar a requerir es enorme. Porque el medio ambiente no son sólo plantas y animales, también hay que estudiar el suelo, el agua y el aire; el ruido, el paisaje, y un largo etcétera. Incluso la repercusión cultural, social y económica se estudia. Al fin y al cabo, los seres humanos también formamos parte de este mundo.

Y todos estos técnicos, ¿a qué se dedican?¿Cómo se estudia esto del medio ambiente?

Estas preguntas no son sencillas de responder (no son triviales, que nos suelen decir en la jerga académica), porque hay mil formas en que un acto influye sobre diferentes elementos. Pero en resumen se intenta, en primer lugar, definir que actividades (vectores de acción) van a repercutir en que unidades (factores ambientales), creando lo que se llama una matriz de interacción ambiental. Ya después a cada una de esas interacciones se le dará un valor numérico, definido, mesurado. Y eso tampoco es tarea fácil.

Ya con ese valor obtenido para cada interacción, al sumarse, es posible hacerse una idea de como de buena o mala, ambientalmente, es esa idea. Una idea de cual es su Impacto Ambiental, otro término también bastante conocido, pero poco entendido.

Y todo esto es sólo para una alternativa, cuando en un proyecto es normal encontrar varias de ellas, empezando por la de no tocar nada (de hecho, todas las demás serán mejores o peores comparándose con esta). En definitiva, un trabajo importante, y en el que todavía no se ha movido ni una carretilla de tierras. Este proceso puede durar perfectamente varios meses, e involucrar a un número importante de personas, si el proyecto tiene cierta envergadura.

Después viene el procedimiento administrativo, la burocracia,...Temas no tan técnicos pero sin duda también importantes. ¡Ah! Y no podemos olvidar el período de información pública ( sí, toda persona puede acceder a la documentación y plantear sus dudas) ni las medidas correctoras, ni la vigilancia ambiental. Pero todo eso es otra historia.

Doñana. © WWF/ Jorge Sierra

Doñana. © WWF/ Jorge Sierra

Como se puede ver, el tema ambiental no se toma, en absoluto, a la ligera. Por supuesto, existe la negligencia, existe el fraude, y existen los accidentes. La rotura de la balsa de la mina de Aznalcóllar, en 1998, es quizá el ejemplo más claro en España de como no se deben hacer las cosas: una infraestructura que contaba, sobradamente, con las certificaciones ambientales necesarias, y sin embargo colapsó provocando vertidos muy contaminantes que afectaron al Parque Nacional de Doñana. Pero eso no significa  que no se hagan grandes esfuerzos por evitar cualquier consecuencia ambiental que pudiera haber, por ejemplo reduciendo la altura de las luminarias de las carreteras, para que la luz no altere el comportamiento nocturno de los animales; o construyendo madrigueras para conejos cuando la construcción de una presa va a destruir las suyas. Hasta ese punto se llega; después de todo, siendo egoístas, la reputación va en ello; y cuando no la reputación, el órgano ambiental competente al menos.

En cualquier caso, el problema es más profundo. Un ingeniero o un arquitecto no es más que un brazo ejecutor; un proyecto, una consecuencia de un sistema social. Decía este profesor del que hablaba antes que:

Todas las infraestructuras, instalaciones y actividades que el hombre precisa para su supervivencia, desarrollo o bienestar son necesarias. Pero cada una de esas acciones debe atender a los mejores procesos y tecnologías disponibles.

Y todas deben estar en su sitio, incluidas en los territorios con mayor capacidad de acogida. No culpemos al humo de nuestra fatiga, pues no deberíamos estar expuestos al humo insano; no culpemos al agua que nos arrastra, pues quizás no debamos estar en su cauce
— E. M. Romero González (2014)

Dicho lo cual, la próxima vez, querido lector, que te digan que tal o cual obra va a causar un daño irreparable, pregúntate ¿Si tan irreparable es, como es que se permite hacerlo? Te aseguro que muchas personas antes que tú se habrán preguntado lo mismo (es su obligación), y habrán actuado en consecuencia. Es por desgracia muy común utilizar el Medio Ambiente, de nuevo en mayúsculas, como arma arrojadiza y moneda de cambio. Daré un nuevo y último ejemplo:

El puerto de Sevilla desea, en la actualidad, dragar el Guadalquivir para ampliar sus instalaciones y aumentar el tráfico de buques mercantes que atracan en la capital andaluza, y diversos colectivos se muestran contrarios por considerar sus repercusiones en el ámbito de Doñana y en los cultivos arroceros de la zona. Dicho así, parece que, ambientalmente, no es buena idea. Sin embargo, el transporte marítimo-fluvial es, con diferencia, menos contaminante que el transporte por carretera. ¿Cuantos camiones, con sus correspondientes emisiones, se eliminarían de la mitad occidental de Andalucía? Y todo esto sin entrar en la repercusión socio-económica. Eso no significa que la opción de ampliar el puerto sea necesariamente mejor, sencillamente que hay que evaluar las opciones.

Por ello, no participes en este juego de política y lobbies; sé crítico, imparcial y objetivo, y dale a este mundo los valores que defiendes. Así ayudarás no sólo a la cuestión ambiental que conmemoraremos en unos días, sino a toda la sociedad.

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Álvaro Martínez Zapata es antiguo participante de Eustory. Fue tercer premio de la tercera edición del concurso por su trabajo "La libertad de España. La obra del Duque de Alburquerque" y accesit en la quinta edición por su trabajo "Esperanza". Ha participado en el Campus Eustory en Helsinki (2013: Bridging the Gap of Civil War: Nation Building in Europe in the Aftermath of WWI ) y en Berlin (2014: "Europe 14|14 "The First World War - What does it mean to me?").