Berlín como puerta de acceso a la historia, por Rafael Jiménez Montoya

En este año 2015, el mundo conmemora el 70º aniversario desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939). Desde que en 1945 acabara esta catástrofe de alcance mundial, la propia Alemania se ha encargado de perpetuar todas las vivencias de la guerra en el recuerdo de la gente - no solo de los propios alemanes - para que aprendiendo del pasado podamos cuidar nuestro futuro. De la mano de Eustory, el país germano abrió sus puertas del 6 al 12 de agosto de este año a 20 jóvenes europeos para que profundizaran en este gran tema a través de un punto de vista más personal y profundo: el de los llamados “hijos de la guerra” (children of war). Entre esos 20 jóvenes estuvo Rafael Jiménez Montoya, primer premio del VI Concurso de Historia EUSTORY en España, y así fue cómo vivió la historia en Berlín. 

Inga Eschke (1941), una “child of war” (hija de la guerra) contando su testimonio durante la guerra.

Inga Eschke (1941), una “child of war” (hija de la guerra) contando su testimonio durante la guerra.

Lo particular de este campus es que se trata de un proyecto que comenzó en abril. Se establecieron varios tándem de trabajo en función del tema a estudiar (bombardeos, niños huidos…) y tuvimos dos pequeños seminarios on-line para planificar el trabajo y para conocer a Ljiljana Radonic, quien nos habló sobre el punto de vista que dan los museos al holocausto.

Cada una de las actividades de este seminario ha transformado por completo mi visión personal de la historia

Una vez en Berlín, el primer día pudimos comer todos los participantes juntos en una cafetería y disfrutar de una tarde en un parque jugando a juegos para romper el hielo y conocernos más personalmente. En este campus he tenido la oportunidad de conocer a gente de varios países europeos, de conocer una bella ciudad a través de un tour en barco y de las visitas en nuestro tiempo libre, pero sobre todo he tenido la inmensa oportunidad de conocer (más bien, vivir) la historia. 

Cada una de las actividades de este seminario ha transformado por completo mi visión personal de la historia; usando los términos en inglés, podría decir que la guerra ha pasado de ser una simple “story” a ser, de verdad, “history”. Para las jóvenes generaciones como la mía, la guerra es lo que te cuentan a través de libros de historia, películas, etc. Pero como (afortunadmente) no hemos conocido ninguna de primera mano, es más bien un cuento (“story”). Sin embargo, en esa semana realmente me he dado cuenta de algo tan obvio pero a la vez tan lejano de mi conciencia: una catástrofe de estas magnitudes realmente ocurrió, y no está tan lejos como nos parece. No es un cuento, fue/es una realidad. 

“Y solo sé una cosa más- que la Europa del futuro no puede existir sin conmemorar a todos quienes, independientemente de su nacionalidad, fueron asesinados al mismo tiempo con completo desprecio y odio, torturados hasta la muerte, hambrientos, gaseados, incinerados y ahorcados…” Palabras de Andrzej Szczypiorski, prisionero del Campo de Concentración “Sachsenhausen”, subrayando la importancia de recordar esta gran catástrofe que fue la Segunda Guerra Mundial. 

“Y solo sé una cosa más- que la Europa del futuro no puede existir sin conmemorar a todos quienes, independientemente de su nacionalidad, fueron asesinados al mismo tiempo con completo desprecio y odio, torturados hasta la muerte, hambrientos, gaseados, incinerados y ahorcados…” Palabras de Andrzej Szczypiorski, prisionero del Campo de Concentración “Sachsenhausen”, subrayando la importancia de recordar esta gran catástrofe que fue la Segunda Guerra Mundial. 

Todo el seminario se ha caracterizado por presentarnos el tema de los niños de la guerra desde una perspectiva más personal. Todos los participantes tuvimos que llevar un artefacto relacionado con el tema, y a través de objetos tan sencillos como un anillo o tan representativos como una carta de racionamiento de Austria, oímos el relato de la vida de niños más pequeños que nosotros que sufrieron la guerra y que al cabo del tiempo se convirtieron en nuestros abuelos, tíos, bisabuelos… Especialmente impactante fue el testimonio de Inga Eschke, una mujer alemana nacida en 1941 que tuvo que estar en constante movimiento durante la guerra con sus padres desde que en 1943 su casa fuera completamente destruida durante un ataque aéreo. En la misma maleta que usó en aquel entonces para viajar, nos trajo recuerdos de la época. En sus palabras y en su rostro era palpable el peso de la historia, de la guerra.

La guerra es algo realmente malo

Una frase tan sencilla como esa, pero llena de verdad y de sufrimiento. Fue en ese momento en el que realmente fui consciente de lo que supone una guerra, de lo cercana que está, y de la barbarie que una persona puede ocasionar a otra persona. No es un cuento, es una dura realidad. 

Casi todos ellos tenían en común una misma paradoja: la dificultad de contar su historia y la necesidad de hacerlo

En esta línea se puede entender también la visita que realizamos al campo de concentración de Sachsenhausen. A la vez que recorríamos el mismo suelo por el que hace no tanto tiempo miles de personas sufrieron una muerte segura, nuestra guía nos relataba testimonios de gente que consiguió sobrevivir. Casi todos ellos tenían en común una misma paradoja: la dificultad de contar su historia y la necesidad de hacerlo. Realmente, no es lo mismo ver unas fotos de un campo de concentración y varios números de víctimas, que visitar los edificios en los que vivió gente a la que ahora le pones rostro, nombre y apellidos. Una vez más, deja de ser un cuento lejano, para ser una profunda y cercana realidad.